THE NEW RAEMON
Quienes sigan los pasos de Ramón Rodríguez desde el principio, aquellos que hayan sabido apreciar las muchas virtudes de su trabajo al frente de Madee –el grupo que comparte con sus amigos de adolescencia desde hace casi veinte años–, le pillarán el punto a éste disco casi de inmediato. Lejos de su particularísima puesta al día de la figura del cantautor confesional –que entintaba cada verso del inolvidable “A propósito de Garfunkel” (2008)– y a considerable distancia de la espontánea combustión pop que propulsó “La dimensión desconocida” (2009), Rodríguez apuesta por un cambio de registro sónico y por otro punto de vista narrativo: mayor carga eléctrica, más peso específico para los arreglos
–imaginativos, de amplio rango– y un planteamiento interpretativo menos ligero que en trabajos precedentes, casi siempre en primerísima persona del singular.
El camino de “Libre asociación” es corto –poco más de media hora–, pero su intensidad y dinamismo obliga a mantenerse alerta. Durante la marcha, nos topamos con miniaturas como “La vida regalada” –mucho más grande de lo que parece: atentos a la interpretación de Rodríguez–, atravesamos parajes de atmósfera inquietante –la escena descrita en “Aspirantes” también lo es–, escuchamos ecos de Sunny Day Real Estate –“Algunas personas del valle”– o The Cure –en la monumental “Llenos de gracia”– e hincamos la rodilla ante canciones como “Verdugo”, a la que no le sobra una coma.
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